17.- Origenes del R.E.A.A.

img.quarter.20Los orígenes del Rito Escocés Antiguo y Aceptado 

Bannockburn


El 24 de junio de 1314, solsticio de verano en el hemisferio norte, amaneció fresco y brumoso en la localidad escocesa de Bannockburn. A las nueve de la mañana y con el sol alto, ambos ejércitos habían tomado posición de combate y luego de una última negociación más ritual que práctica, los arqueros ingleses dieron comienzo a la batalla que duraría casi seis horas. 

Cerca ya las tres de la tarde, las tropas del andrógino Eduardo II, rey de Inglaterra y yerno del Felipe IV, el hermoso de Francia (1), abandonaron el campo de batalla, permitiendo a los fieros escoceses celebrar largamente la victoria, no ya de una batalla, sino la de una dura guerra de independencia que acababa de lograrse bajo la conducción de su soberano Robert de Bruce, Robert I de Escocia. 

Esa batalla, en tan simbólica fecha, tendría repercusiones no solamente en el mapa político de la antigua Albión, sino también en la evolución de la Masonería en general y del Escocismo en particular, porque, como consecuencia del triunfo de los escoceses den la batalla de Bannockburn, ocurrieron dos hechos muy importantes desde el punto de vista de la historia de la Masonería, a saber, la creación de la Orden de San Andrés del Cardo y el inicio de la dinastía de los Estuardo. 

Tras la batalla, un agradecido Robert de Bruce creó la Orden de los Caballeros de San Andrés del Cardo, siendo sus primeros integrantes varios centenares de Caballeros del Temple, de decisiva actuación ese día de gloria de las armas escocesas. Entre estos experimentados guerreros había muchos miembros escoceses de la Orden del Temple, pero también es cierto que un buen número de ellos eran caballeros franceses de la Orden del Temple que habían llegado a Escocia huyendo de la persecución, genocidio diríamos en nuestros días, desatada contra ellos por el rey de Francia (Felipe IV, el hermoso) y el Papa Clemente V. 

La creación de la Orden de San Andrés del Cardo permitió a los monjes guerreros seguir existiendo legalmente, protegidos por un legítimo rey, y como veremos más adelante estuvo vinculada con la aparición, tiempo después, de algunos de los grados del Rito Escocés.

En la batalla de Bannockburn también tuvo destacada actuación un amigo y compañero de armas del rey, de nombre Walter. Era Walter descendiente de Alan Fitzfiaald, un vikingo muerto en 1114.  Tomó Walter, para sí y para sus descendientes, el nombre de su función, Stewart, que designaba entonces, en el seno de la nobleza, el cargo de senescal (2). La forma francesa Stuart fue adoptada en 1562 por una de sus descendientes, la famosa María Estuardo, a su regreso de Francia. 

Walter Stewart fue el más leal colaborador y apoyo del rey Robert I de Escocia, casándose en 1315 con su hija, la princesa Marjorie, y sucediendole como soberano de Escocia a la muerte del rey. Así dio comienzo la dinastía Estuardo, que mantuvo relaciones muy estrechas con la Francmasonería operativa de su época, al punto que varios soberanos de esta familia fueron iniciados y elevados al cargo supremo de Gran Maestro. Como detalle interesante anotamos que las armas de los Estuardo de Lennox, aparecen en el mandil masónico de los Maestros Escoceses del Early Grand Scottish Rite o Rito Escocés Primitivo.

Kilwinning

Tras su formación en 1717, la Gran Logia de Londres tomó rápidamente una importancia considerable. Incorporó a personajes de relieve y desplegó una gran actividad incluso más allá de los limites de Inglaterra. Bajo sus auspicios, los masones de Irlanda fundaron una Gran Logia en 1729 y los de Escocia constituyeron en 1736, la Gran Logia de San Juan de Escocia. Para los interesados en la historia de la Masonería española, recordaremos que la primera Logia constituida fuera de Inglaterra, de acuerdo con la Constituciones conocidas como de Anderson y con Carta Patente de la Gran Logia de Londres, fue la Logia Matritense o de las Tres Flores de Lis (3), constituida en Madrid, por el duque de Wharton, el 15 de febrero de 1728. Recibiría la Carta Patente un año más tarde y figura en el registro de la Gran Logia Unida de Inglaterra con el número 50 y el nombre de Logia French Arms. Se conserva el Acta de fundación en el museo de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

A pesar de la fundación de la Gran Logia de San Juan de Escocia, la Logia Real de Kilwinning, que existía desde 1150, continuó su vida independiente. Sin embargo, luego de roces con la Gran Logia de San Juan de Escocia, la Real de Kilwinning trasladó en 1743 su sede a Edimburgo, donde se estableció bajo el título de Gran Logia Real y Gran Capítulo Soberano de la Orden de Heredom de Kilwinning y de los Caballeros Rosa Cruces, fundando a su alrededor Logias y Capítulos bajo su obediencia. 

Esta escisión entre las dos Grandes Logias de Escocia, tuvo una gran importancia, pues marca la separación en dos ramas de la Francmasonería: Por una parte el sistema inglés con sus tres grados, tal como era practicado en la Gran Logia de Inglaterra y sus fundaciones; por otra parte el de la Gran Logia Real de Kilwinning, cuyo sistema de grados formará más tarde la rama de la Masonería que se ha convenido en llamar Escocismo, y del que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado toma sus verdaderos orígenes y la mayor parte de sus grados.

Kilwinning es un pequeño poblado y un mercado de Aijrshire, situado sobre la ribera derecha del río Garnock, 24 millas al sudoeste de Glasgow. Ahora en ruinas, la abadía había sido una de las más ricas de Escocia. Fundada hacia 1140 por monjes benedictinos de la Orden de Thirion, llamados por Hugues de Morville, Lord de Cunningham; estaba dedicada a San Winnin que había vivido en esa región en el siglo VIII, dando su nombre a la villa cercana.

Kilwinning, según la tradición, es la cuna de la Francmasonería escocesa; la primera Logia fue fundada allí por los "canteros" venidos desde el extranjero para edificar la abadía; se la considera como la Logia Madre de Escocia.

En la época del rey Robert de Bruce, hacia 1314, esta Logia admitió como "masones aceptados" a los Caballeros Templarios que huían de la persecución desatada por el rey de Francia y el Papa Clemente V. Caballeros que, como ya quedó dicho antes, contribuyeron a la victoria del rey Robert I en Bannockburn, siendo premiados con la creación de la Orden de San Andrés del Cardo, que, más tarde, se fusionó con la Orden de Heredom, adquiriendo la Logia la consideración de Logia Real.


Los Reyes Francmasones

Volvamos a los Estuardo, los reyes francmasones de los siglos XVI y XVII, que reinaron sobre toda Gran Bretaña, ya que fueron reyes de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda:

Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, nacido en Edimburgo en 1566 y muerto en Theobald Park en 1625, era hijo de dos primos: Maria Estuardo y Enrique Estuardo de Lennox, lord Darnley. Jacobo I fue rey de Inglaterra después de Isabel I. Anglicano devoto, persiguió por igual a los católicos y a los protestantes de la secta presbiteriana. Siendo un gran conocedor del esoterismo, favoreció secretamente las asambleas rosacruces de la taberna de La Sirena de Londres.(4)

En 1593 creó la Rosa Cruz Real, con treinta y dos caballeros de la Orden de San Andrés del Cardo, fundada como ya vimos en 1314 por Robert I de Escocia, y restablecida por su padre, Jacobo V de Escocia, en 1540. Coronado en 1603 en rey de Inglaterra, a la muerte de Isabel I, reinó sobre Inglaterra y Escocia con el nombre de Jacobo I. Los masones operativos escoceses tuvieron entonces derecho a elegir a un nuevo Gran Maestro, ya que Jacobo I pasó a ser el Gran Maestro de los masones operativos ingleses. 

Jacobo I se casó con Ana de Dinamarca, matrimonio del que nació Carlos I en Dunferline, Escocia, el 19 de noviembre de 1600, rey que moriría decapitado en Londres el 30 de enero de 1649, victima de la crueldad de Cromwell. Carlos I se casó en 1625 con Enriqueta de Francia, hermana de Luis XIII e hija de Enrique IV. Fue Carlos I un gran señor, cortés, liberal, dividido entre el catolicismo militante de su esposa y su papel de jefe de la Iglesia anglicana, religión del Estado a partir de Eduardo VIII. Carlos I era un místico. Durante su reinado, en 1645, se constituyó en Londres el Colegio Invisible, nacido de la Rosae Crucis de 1610, por obra de Boyle, Locke y sir Wren.

En 1633 ordenó a John Milne, su maestro de obras, construir ,con la colaboración de John Bartonn, en el jardín del palacio de Hollyrod, en Edimburgo, el misterioso "reloj solar" descrito por Fulcanelli (5). En realidad, este icosaedro emblemático de la Gran Obra, estaría vinculado por su decoración no sólo a Carlos I, a su esposa y a su joven hijo, sino también a la Orden de San Andrés del Cardo. Revelaría a la vez la marcha del Sol de los Sabios, el Sello de Sabiduría de los alquimistas (de ahí su esoterismo de reloj solar) y el misterioso Bafomet de los caballeros del Temple, que en Escocia se habían convertido en la Orden de San Andrés del Cardo el 24 de junio de 1314, tras la victoria de Bannockburn.

El odio de los presbiterianos propiciará la revolución de 1649, y Cromwell, fanático donde los haya habido, hará decapitar a Carlos I. Carlos II, su primogénito, se convirtió así en rey de derecho, exiliándose a Francia con su madre Enriqueta de Francia, su hermana Enriqueta de Inglaterra (6), su corte, sus ejércitos y, naturalmente, las Logias, que se trasladaron también al exilio francés.

En 1658 murió el intolerante Cromwell y, al año siguiente, el general Monck, jefe del ejército escocés, miembro de la Gran Logia Operativa de Edimburgo como masón aceptado, fue hecho Caballero de San Andrés. En el seno de la Masonería operativa anglo escocesa se forma la Orden de los Maestros Escoceses de San Andrés, que agrupa a los partidarios de los Estuardo que han sido recibidos como masones aceptados, núcleo que se mantendrá prácticamente secreto, pero que será el foco del que irradiarán las futuras Logias Militares de Saint-Germain-en-Laye, bajo Jacobo II.

En 1660 Carlos II sube al trono de Inglaterra gracias al golpe de Estado del general Monck. En 1662 crea la famosa Royal Society, derivada del Invisible College.

Jacobo II, su hermano, anteriormente duque de York, nació en Londres en 1633 y murió en Saint-Germain-en-Laye en 1701. Capturado en 1646 por las tropas de Cromwell, consiguió escapar y huir a Holanda. De 1648 hasta 1660, fecha de la restauración de los Estuardo, vivió en Francia.(7) Durante su exilio, en Saint Germain en Laye, los oficiales y suboficiales de los regimientos escoceses e irlandeses que le han seguido fielmente, crearán las primeras Logias Militares, fuente de la Francmasonería francesa y una de las raíces del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Será la célebre Masonería Jacobita o Masonería Estuardista. En esta pequeña corte, gentilhombres afiliados a la Orden de los Maestros Escoceses, constituida en Londres en 1659, fundaran, bajo el patronato real, la Orden de los Maestros Escoceses de San Andrés, exteriorización ya abiertamente masónica de la Orden de San Andrés del Cardo, creada por Robert de Bruce tres siglos y medio antes. El ritual que usaban, de doble sentido, simbolizaba la reconstrucción del templo de Jerusalén por Zorobabel, pero también la restauración de los Estuardo.


El Rito Escocés Antiguo y Aceptado

En Charleston, Carolina del Sur, el 31 de mayo de 1801, se fundó el Primer Supremo Consejo de los Soberanos Grandes Inspectores Generales del XXXIII y último grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En 1802, este Supremo Consejo emitió una circular, también conocida en el mundo masónico como el "discurso de Dalcho", por ser el Dr. Frederick Dalcho quién presidió la comisión de redacción. De ese documento es de destacar lo siguiente: 

"Por nuestros antiguos archivos estamos informados de la constitución de los grados Sublimes e Inefables de la Masonería en Escocia, en Francia y en Prusia, después de las Cruzadas. Pero debido a circunstancias que nos son desconocidas, después del año 1658 cayeron en el olvido, hasta que en el año 1744 un gentilhombre de Escocia vino a visitar Francia y estableció una Logia de Perfección en Burdeos."

Cuando este gentilhombre llegó de Escocia, ejercía la Gran Maestría en Francia el Conde de Clermont, Luis de Borbón, príncipe de sangre real y nieto de Luis XIV(8). Es bajo su benigno gobierno (1743-1771) que hicieron eclosión en Francia los grados escocistas o del Escocismo (9). Todo indica que el Maestro Escocés, aparecido en Francia en 1743, venía de Inglaterra (10). En efecto, desde 1733 había aparecido dentro de la Gran Logia Inglesa, una Logia de Scotch Mason's trabajando en Londres y de la que se sabe no estaba compuesta por escoceses; en 1735 aparece en Bath una logia de Scotch Masters, que derivó al Real Arco en 1744, del que se dice aquella era una forma rudimentaria. En tanto en el continente, habría derivado hacia el Maestro Escocés y su descendencia.

Por aquellos años, otros Ritos de Perfección surgían en Francia. El Rito de Heredom o de Perfección, compuesto de 25 grados, habría surgido en París en 1758 como un desprendimiento del capítulo de Clermont(11)  

No puede dejar de citarse al Caballero Ramsay(12), preceptor de Carlos Estuardo y Gran Orador de la Orden en Francia. Su célebre discurso es considerado como un testimonio fundamental sobre el pensamiento esotérico existente en los "altos grados" del Escocismo de la época, al punto que se ha llegado a atribuir al discurso el origen de éstos grados, y no sólo ser la expresión de una corriente ya existente.(13) 

En Francia, en la terminología del siglo XVIII, una Logia Escocesa era lo que hoy llamamos una Logia de Perfección, o sea, una Logia de grados superiores al 3º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En aquel entonces los miembros de estas Logias debían formar parte de una Logia Regular simbólica  (grados del 1º al 3º) y, también, haber ocupado uno de sus tres cargos principales. Es por aquel entonces cuando se tomó como costumbre designar a las Logias ordinarias como logias azules o inglesas, lo primero por el color del cordón de maestro, mientras que el color de los maestros escoceses es el rojo.

Las Grandes Constituciones, de 1786, del Rito Escocés y Aceptado, en su parte introductoria y declaratoria, que culmina con Federico de Prusia, establecen lo siguiente: 

"Estas razones y otras, no menos graves, nos impelen a reunir en un solo cuerpo Masónico a todos los Ritos del Rito escocés, cuyas doctrinas son admitidas generalmente en lo esencial, como las antiguas instituciones que se dirigen a un centro común y que no son sino las ramas principales de un mismo árbol, difieren tan solo en sus fórmulas, harto conocidas ya y que tan fácilmente pueden reconciliarse. Estos Ritos son los conocidos bajo los nombres diferentes del Rito Antiguo, el de Heredom o Hairdom, el del Oriente de Kilwinning, San Andrés, Emperadores de Oriente y Occidente, Príncipes del Real Secreto o de Perfección, el Rito Filosófico, y el más moderno de todos, conocido como Rito primitivo. Adoptando pues, como base de nuestra reforma conservadora, el título del primero de esos ritos y el número de grados de la jerarquía del último, declaramos que ahora y en adelante, están y permanecerán unidos en una sola Orden, que profesando el dogma y la doctrina pura de la antigua Masonería, comprende todos los sistemas del Rito Escocés reunidos en uno, bajo el título del Rito Escocés Antiguo y Aceptado."


La historia y la leyenda

Federico el Grande en sus Constituciones dice que Heredom y Kilwinning están entre las que dieron forma al Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Hoy nadie discute que muchos Templarios se refugiaron en Escocia, tras el inicio de la persecución en Francia. Las características de las Ordenes arriba mencionadas, en una época donde se documentaba poco y se ocultaba mucho, no permiten esgrimir pruebas documentales directas, pero hay evidencias que si bien no prueban, establecen certezas razonables de que constituyen la ascendencia del Escocismo actual. A este respecto y como indicios ciertos, son de destacar las característica "caballeresca" del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, las tradiciones del Rito y una determinada secuencia coherente de Ordenes de Caballería que fueron permanentemente renovadas a través de los siglos por los reyes francmasones escoceses más representativos.

Por eso comenzamos este trabajo en aquel lejano solsticio de San Juan de 1314 en Bannockburn. Porque lo que allí sucedió abrió la puerta de la historia y la leyenda a varios de los protagonistas más conspicuos de la saga y la tradición del Escocismo y la Masonería: los integrantes de la Orden de San Andrés del Cardo y los reyes francmasones de la dinastía Estuardo.


NOTAS

(1) Felipe I de Francia, llamado el hermoso, en unión y complicidad con el Papa Clemente V, urdió la trama que llevo a la ilegalización de la Orden del Temple, la incautación de sus bienes y el asesinato de sus principales dirigentes. El fin no era otro que hacerse con los bienes y posesiones del Temple y potenciar la mucho más dócil Orden de Malta.

 (2) Senescal: Jefe o cabeza principal de la nobleza, a la que gobernaba, especialmente en la guerra.

 (3) Se la conoce por el Nombre de Logia de las Tres Flores de Lis siguiendo la costumbre de la época de nominar a las Logias por el del local en el que se reunían. La Matritense lo hacía en la Fonda de las Tres Flores de Lis, sita en la calle Ancha de San Bernardo número 17, de Madrid.

(4) En 1590 se embarcó rumbo a Scania, al norte de Suecia, para ponerse en contacto con Tycho Brahe en su observatorio de Uranienborg. Tycho Brahe, astrónomo y astrólogo, muy aficionado a la magia, fue el autor del "Calendario mágico" que lleva su nombre. Al volver de Uranienborg, Jacobo I se detuvo para visitar a Guillermo IV el Sabio, landgrave de Hesse-Cassel, protector de Tycho Brahe y relacionado con los rosacruces de la época. De regreso en Inglaterra, publicó su obra capital: Daemonologiae hoc est adversus incantationem sive magia institution auctore serenissime potentissimio- que Principe.

(5) Fulcanelli. Demeures philosophales (Omnium littéraire, Paris, 1960, t. 11, p. 161).

(6) futura esposa de Felipe de Orleáns, Monsieur, hermano de Luis XIV

(7) Nombrado gran almirante, se distinguió en la lucha contra los holandeses, a los cuales arrebató Nueva Amsterdam, bautizada después Nueva York en recuerdo de su victoria. Convertido al catolicismo en 1672, un año antes de su matrimonio con Maria de Módena (condición impuesta para este matrimonio), se atrajo la hostilidad de los whigs, pero el Parlamento fracasó en sus tentativas para excluirle de la sucesión al trono.

(8)  Era además Abad de Saint Germain des Prés, miembro de la Academia Francesa y con dispensa papal, comandante de los ejércitos del Rey en Alemania.

(9) Etienne Gout, 33, "La génesis del Escocismo Francés", revista ORDO AB CHAO 1994, traducción del I\P\H\Diego Rodríguez Mariño.

(10) Ibíd.

 (11) Valentín Alvarez "Rito Escocés Antiguo y Aceptado y su relación con otros ritos" 1999.

(12) Andrew Michael Ramsay nació en 1686 en Ayr, Escocia, y murió en Saint-Germain-en-Laye, Francia, en 1743. Fué preceptor de grandes familias: Wemyss, Sassenage, Estuardo (Roma, 1724), Château-Thierry, Bouillon. Hecho Caballero de S. Lázaro por el duque de Orleáns, regente de Francia y Gran Maestre de esa Orden, en 1723. Escritor, es autor entre otras obras de The Philosophical principles of natural and revealed religion unfolded in geometrical order, 1748.

(13) El primer discurso fue pronunciado en 1736 en la logia parisina St Thomas N°1, primera Logia fundada en Francia por nobles ingleses en 1725, dos de los cuales serían, después del duque de Wharton, los primeros Grandes Maestres de la Masonería en dicho país. El 2° discurso (1737) fue ante una asamblea general de la Orden francesa.

 

Empezaremos por decir que la Masonería es una Orden Iniciática, Esotérica, Elitista y Caballeresca, lo que la confiere características propias que la distinguen de otras instituciones.

Pretende la evolución ética, moral y espiritual de sus miembros. Proclama al Gran Arquitecto del Universo como Principio Generador y como Símbolo Superior de su aspiración y construcción ética.

No prohíbe ni impone a sus miembros ninguna convicción o práctica religiosa.

El Grande Oriente Español, en su Constitución del año 1.934, declaraba:

La Francmasonería es un movimiento del espíritu, dentro del cual tienen cabida todas las tendencias y convicciones favorables al mejoramiento moral y material del género humano.

La Francmasonería no se hace órgano de ninguna tendencia política o social determinada. Su misión es la de estudiar desinteresadamente todos los problemas que conciernen a la vida de la humanidad para hacer su vida más fraternal.

La Francmasonería declara reconocer, por base de su trabajo, un principio superior e ideal, el cual es generalmente conocido por la denominación de Gran Arquitecto del Universo. No recomienda ni combate ninguna convicción religiosa, y añade que ni puede, ni debe, ni quiere poner límites, con afirmaciones dogmáticas sobre la Causa Suprema a las posibilidades de libre investigación de la verdad.

La Gran Logia de España, en el Preámbulo de su Constitución, vigente desde 1.999, dice:

La Francmasonería tiene su fundamento esencial en la fe en un Poder Supremo expresado bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo; sus principios se resumen en estas dos máximas: conócete y ama a tu prójimo como a ti mismo.

La Francmasonería es una asociación libre de hombres independientes, los cuales solo dependen de su conciencia y se dedican a poner en práctica un ideal de paz, amor y fraternidad.

Tiene como objetivo el perfeccionamiento moral de la humanidad y como medio de propagación de una  verdadera filantropía, con el empleo de costumbres y formas simbólicas.

Impone a todos sus miembros el respeto a las opiniones ajenas y les prohíbe toda discusión política o religiosa, a fin de constituir un centro permanente de unión fraternal. Los francmasones se reúnen en Logias con el fin de trabajar allí ritualmente, con celo y asiduidad, y solo admiten a hombres mayores de edad, creyentes, de buenas costumbres, gentes de honor, leales y dignos en todos los aspectos.

En las Logias se aprende a amar a la Patria, someterse a sus justas Leyes y respetar las Autoridades legítimamente constituidas; a considerar el trabajo como un deber esencial en el ser humano y en consecuencia, a honrarlo en todas sus formas.

Pero, más allá de conceptos que algunos podrían considerar poco concretos, la Masonería se constituye en una Orden que tiene como fin formar a sus miembros en el conocimiento y respeto de valores superiores basados en la verdad. Verdad que no se impone ni propone, sino a la que cada masón llega por el análisis y el conocimiento. La Masonería se constituye en una Orden que pretende la evolución ética, espiritual y moral de sus miembros y, a través de ellos y de su ejemplo individual y personal, la evolución ética, espiritual y moral de la humanidad.

La iniciación, única puerta de entrada a la Masonería, pretende abrir un proceso de cambios por los que el masón, dejando atrás cuanto le separa de su propio espíritu, adquiere conocimiento de su Ser interno y de su trascendencia; lo que le llevará a la búsqueda de la verdad. Mas la Masonería no impone ningún tipo de dogma o creencia. Propone, mediante símbolos y alegorías, más por la práctica de los Rituales, principios que deben ser analizados por el masón y, de su individual y personal análisis y comprensión, cada masón sacar las propias conclusiones. No quiere la Masonería aleccionar a sus adeptos, sino que cada masón llegue a la meta que para si mismo se fije, él, no otro. Quiere la Masonería que cada masón llegue a su verdad... a su propia e individual comprensión y conocimiento de la verdad. De ahí el sobrenombre de Librepensadores por el que son conocidos los masones.

Es la Masonería, pues, una Orden Iniciática. Por la iniciación y siguiendo el camino que solo ella abre a través de los diferentes grados en los que la Masonería escalona sus propuestas, es como el masón, rompiendo las cadenas que atan al hombre a lo animal, a lo puramente material, llega al conocimiento de su propio Ser interno y de su trascendencia. Es así como la Masonería, haciendo hombres mejores de hombres que ya eran buenos, libres y justos antes de ser iniciados, propicia que mediante el ejemplo de cada masón en su entorno familiar, social, laboral, etcétera, toda la humanidad en pleno evolucione positivamente.

La Masonería es esotérica en los términos precisos que define el Diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia Española.

Es esotérica porque a su conocimiento solo se llega por la iniciación, quedando oculto, reservado, para los no iniciados.

Es esotérica porque su conocimiento es de difícil acceso, no se da, no se imparten clases, el conocimiento que lleva a la verdad se adquiere mediante el estudio y la reflexión.

Es esotérica porque al igual que los filósofos de la antigüedad no comunicaban sus doctrinas sino a un corto número de sus discípulos, la Masonería mantiene velados sus conocimientos y los principios que propone por símbolos y alegorías y, a las claves de los unos y de las otras, solo se llega por la iniciación y la práctica de los rituales mediante los que se desarrolla el trabajo en las Logias.

Es esotérica porque sus principios y conocimientos solo se transmiten oralmente a los iniciados.

Pero, por ser una Orden iniciática y esotérica, la Masonería rechaza y condena el mal llamado ocultismo y todo el fraude a ingenuos, todo el fraudulento montaje económico de las supuestas mancias adivinatorias. La Masonería rechaza y condena a las sectas, iglesias y creencias que privan a sus miembros del libre albedrío, de la libertad de análisis y decisión. Y, si la Masonería no apoya a ninguna religión concreta, menos aun puede apoyar a los llamados cultos satánicos, al satanismo, el cual condena radicalmente.

La Masonería es una Orden Elitista, por que en sus filas militan las elites intelectuales del mundo entero, los hombres más avanzados espiritual y moralmente, aquellos que creen firmemente que el paso del hombre sobre la tierra transciende al simple hecho material y temporal; en suma, de la parte que el hombre tiene de animal, para sublimarse en lo que tiene de espiritual.  Sin olvidar que elites son todos aquellos, sea cual fuere su posición social o económica, que dejando atrás las pequeñas miserias humanas y los comprensibles egoísmos individualistas, dedican un poco de su tiempo a su desarrollo intelectual, espiritual y moral, poniendo su persona al servicio de la humanidad.

La Masonería es una Orden Caballeresca, no en los aspectos que se desprenden de una lectura exotérica y simplista de las viejas novelas de caballería y mucho menos aun en el sentido clasista. Lo es tomando el simbolismo profundo, esotérico, de los ideales de Camelot, Arturo y la Tabla Redonda; la búsqueda del Santo Grial, cuyo bellísimo simbolismo esotérico puede ser el norte del buscador de la Luz. Lo es porque ideal de vida caballeresco es la entrega desinteresada a las causas nobles, al servicio a la humanidad.

Así, la Masonería, por su espíritu caballeresco pudo ser inspiradora de la Revolución Francesa, en cuanto fin del Viejo Régimen, pues no puede menos que condenar el terror que desencadenó. Como antes lo fue de la Americana, en la que los 56 revolucionarios, padres de la patria, mayoritariamente masones; entre ellos George Washington, de la Gran Logia de Virginia; Benjamín Franklin, de la Gran Logia de Pennsylvania; Thomas Jefferson, de la Gran Logia de Virginia; John Adams, de la Gran Logia de Massachussets; John Quincy Adams, de la Gran Logia de Virginia, luego 6º Presidente; William Whipple, de la Gran Logia de New Hampshire; Benjamín Harrison, de la Gran Logia de Virginia; John Penn, de la Gran Logia de Carolina del Norte; Abraham Clark, de la Gran Logia de Nueva Jersey...  etcétera, proclamaron en 1776 la libertad de las 13 colonias, con una Declaración de Independencia de la que, por ser Masonería pura, sería difícil destacar un párrafo concreto, pero de la que recordaremos, entre otros muchos párrafos de igual mérito y contenido masónico:

 "Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales, que están dotados por un Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se cuentan el derecho a la vida, a la libertad y al alcance de la felicidad; que, para asegurar estos derechos, los hombres instituyen gobiernos, derivando sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma de gobierno llega a ser destructora de estos fines, es un derecho del pueblo cambiarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno, basado en esos principios y organizando su autoridad en la forma que el pueblo estime como la más conveniente para obtener su seguridad y su felicidad."

La Masonería mantiene y perpetúa entre sus miembros el espíritu caballeresco que informó la obra de los enciclopedistas y más tarde la de los ilustrados del siglo XIX, casi todos ellos masones. El de filósofos y pensadores, miembros de la Masonería, como Montesquieu, Voltaire y Rousseau. El de artífices de la emancipación de Hispanoamérica, como, por ejemplo y entre otros muchos, los masones San Martín, Bolívar y Martí. El de los también miembros de la Orden, Cavur, Garibaldi y Mazzini, héroes de la independencia y unidad italiana. El de músicos masones como el austriaco Mozart y el español Tomas Bretón. Poetas como Goethe o Moratin. Escritores como el inglés Kipling, el francés Stendhal y el español Blasco Ibáñez. Científicos como los doctores Santiago Ramón y Cajal y Alexander Fleming. Cirujanos como el Dr. Cristian Barnard, artífice en 1967 del primer trasplante de corazón a un ser humano. Descubridores e inventores como los españoles Isaac Peral y Juan de la Cierva o el francés Luis Lumiere. Políticos y estadistas como Práxedes Mateo Sagasta, Salvador Allende, Winston Churchil,  Benjamín Franklin. Hombres ilustres como Baden Powel, fundador de movimiento escultista o el antiesclavista Schoelcher. Actores como el británico Peter Sellers. O los promotores de la Sociedad de Naciones, que soñaban acabar con las guerras. El mismo espíritu caballeresco de entrega desinteresada a las nobles causas que guió a los inspiradores de la Unión Europea, con Monet a la cabeza. O a los padres del Consejo de Europa, masones la gran mayoría de ellos. Finalmente, ya como anécdota, con el mismo espíritu de Neil Amstrong, masón y primer hombre que pisó la Luna, sobre cuya superficie depositó una escuadra y un compás en recuerdo de su gesta.

En definitiva, el espíritu de los cientos de miles, millones de hombres que, desde sus ideales caballerescos y masónicos, mantienen a sus expensas y en silencio, sin subvenciones de ningún Estado, hospitales, asilos, universidades y escuelas.

Si debiéramos resaltar algo del espíritu de la Masonería, muy probablemente nos inclinaríamos por la autentica y profunda fraternidad que une a todos los masones del mundo entero, muy especialmente, claro está, a los miembros de una misma Gran Logia y, mucho más aun, a los de una misma Logia. Pero aun siendo muy importante no es ese el fin primordial de la Masonería, pues para ese tipo de fines ya están muchas y prestigiosas instituciones profanas.

Mucho más allá de ese principio de fraternidad universal, de indudable importancia y valor humanístico, e incluso iniciático, principio de auténtica fraternidad que llevaría a tener la filantropía como uno de los medios de los que podría valerse para alcanzar los propósitos que la animan, la Masonería tiene fines que mantiene muy presentes, siendo la síntesis de todos ellos cambiar el mundo. Esa es la meta final que se propone alcanzar, ese es el fin que constituye el auténtico Ser y existir de la propia Masonería. Dicho así, sin circunloquios ni palabrería vana, que oculten la realidad.

Pero ese fin no tiene connotaciones que lo liguen a lo profano, a lo prosaico, a intereses materiales, a bajas pasiones y aspiraciones que, si pudiesen ser admisibles en el mundo profano, en ninguna forma pueden llegar a serlo, ni como medio, ni como fin, para la Masonería. Porque cuando un masón afirma que la Masonería pretende cambiar el mundo, se está refiriendo a que la Masonería trabaja para hacer evolucionar ética, espiritual y moralmente a la humanidad, a partir de los principios que constituyen su Ser y de los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad que defiende.

En los proclamados fines más en los métodos para alcanzarlos, es en lo que la Masonería se diferencia de otras meritísimas instituciones que también tienen como objetivo el desarrollo de la humanidad. El peculiar sistema de trabajo personal e individual que la caracteriza, muy alejado de la acción institucional sobre la sociedad, la marca e individualiza.

No siendo, como no lo son, fines de la Masonería participar en forma alguna en política, ni en negocios, ni en ninguna otra actividad profana, La Orden Masónica centra sus esfuerzos en llevar a los masones a las condiciones espirituales, éticas y morales que les permitan trabajar en pos de alcanzar los fines que sí le son propios a nuestra Orden. Para ello la Masonería pone a disposición de sus miembros todos los medios necesarios «de orden iniciático, esotérico y simbólico» para que –individualmente y por el trabajo personal que cada uno sea capaz de realizar en sí mismo, más en la intimidad de las Logias auxiliándose siempre los unos a los otros– puedan avanzar a través del sistema reglado y graduado que caracteriza a la Masonería, teniendo como meta final cambiar el mundo.

Una vez logrados estos significativos avances por el camino iniciático, será cada masón el que con su ejemplo personal e individual influirá en los entornos familiar, profesional y social al que pertenezca; trasmitiendo así a la sociedad profana –mediante el ejemplo de una vida ordenada, respetuosa con las leyes y con los derechos de los demás y entregada a ideales legítimos y nobles– las enseñanzas recibidas a través de los principios proclamados por la Masonería.

Mas, el profundo arcano de la Masonería no se revela efectivamente, si no a los que llegan a ser auténticos masones, a aquellos que siguen con perseverancia el camino iniciático y se entregan a la Masonería sin ningún tipo de reservas, y sin más ambiciones humanas que las legítimas de lograr convertirse en auténticos iniciados; es decir, en obreros iluminados al servicio de la Inteligencia Constructora del Universo, la cual debe de manifestarse en el masón como una verdadera Luz que alumbra, desde un punto de vista superior, todos sus pensamientos, palabras y acciones.

En alguna forma masón –lato sensu– se nace. Porque ser masón significa participar de una condición espiritual especial, inconfundible e intransmisible, que aflora tras la iniciación y la identificación del iniciado con su propio ser interno y, a través de él con el Trazado realizado para la Humanidad por el Gran Arquitecto del Universo.

La Masonería, como Institución ético jurídica, Alta Cátedra Moral desde la que emanan los grandes principios y formulaciones al servicio de la Humanidad, confiere las características visibles de masón a aquellos que ya eran, potencialmente, portadores del Espíritu Iniciático; proporcionándoles los medios necesarios para cultivar su intelecto y su espíritu, mediante el estudio de determinados símbolos y la practica consciente de los Rituales. Unos y otros encierran un profundo significado esotérico, que es la llave que abre las puertas del conocimiento y la clave para que cada masón logre profundizar en lo más profundo de su corazón.

Dicho esto, únicamente queda proclamar que solamente se es masón “stricto sensu” si se profesan los principios iniciáticos, se cultiva el esoterismo y, en lo que corresponda, el conocimiento exotérico; si se tiene firmemente asentado el sentido de la responsabilidad individual, como confirmación del Espíritu Caballeresco con el que el masón debe de desempeñar su misión en el mundo profano.

La Masonería Regular profesa inderogablemente el espiritualismo y rechaza el materialismo y el racionalismo ateo; por ello, la Luz de la Razón que informa el Ideal Masónico, se legitima al emanar del Conocimiento Iniciático. Así, repetimos, la Masonería es una Orden iniciática, esotérica y caballeresca y, por lo tanto, elitista.

Es por ello que a la hora de admitir nuevos miembros, la Masonería está muy atenta a que no se infiltren aquellos que, por su poca formación espiritual, moral, cultural o humanista, puedan significar un freno en el desarrollo individual o colectivo. También está obligada a tener en cuenta la situación social y económica de los posibles candidatos; los cuales, además de, y esto es condición sine qua non, disponer de medios para mantener dignamente a su familia, han de disponer también de unos pequeños medios materiales para contribuir al sostenimiento y crecimiento de la Orden y, aun les ha de sobrar alguna cantidad para obras filantrópicas, de acuerdo con los viejos principios. Sin que lo dicho signifique, en absoluto, que en los criterios de selección intervengan conceptos mercantilistas, tan alejados del pensamiento y actitud masónicas.

Pero no podemos dejar de tener presente a la hora de admitir nuevos miembros, que la primera obligación del Hombre es para sí y para con su familia, y que solo una vez que ha cubierto dignamente sus propias necesidades y las de los suyos, podría, legítimamente, pensar en entregarse a otras causas.

Por lo demás, las contribuciones que en forma de cuotas periódicas cada masón satisface a través de su Logia, por su importe no van más allá de una pequeña cantidad mensual fácilmente asumible por cualquier persona que disponga de un puesto de trabajo, en el que perciba un salario de tipo medio y, en todo caso, de cuantía nunca superior a la que se gasta habitualmente en tomar unas cervezas con los amigos.

En todo caso, no debemos olvidar que garantizados los mínimos admisibles, y sentado que es obligación de todos los masones atender al sostenimiento de la Orden, a la Masonería no le interesa el dinero ni la posición que puedan tener sus miembros o aspirantes a serlo. Solo le interesan las cualidades humanas y la voluntad de crecer espiritual, ética y moralmente a través del camino iniciático.  

Si tras lo dicho cualquier posible lector de estas líneas desea saber algo más sobre la Masonería, no dude en escribirnos, con mucho gusto le atenderemos.