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Gran Logia de España |
Respetable Logia Simbólica Cibeles Nº 131 En el Oriente de Madrid – Valles del Manzanares Masonería Universal – Familia Española
DVM QVOD NOS IVNGIT NOS IVNGAT, NIHIL IMPOSSIBILIS ERIT
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Gran Logia Provincial de Castilla |
A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo
¿Qué es la Masonería?
No es corto empeño intentar –con la brevedad que la ocasión requiere–
definir una Institución que despierta las mayores adhesiones y
los más apasionados odios... esto último generalmente
entre quienes
no la conocen o, conociéndola y por ello, temen perder el
control o la influencia sobre la que sustentan su poder sobre la
sociedad.
Empezaremos
por decir que la Masonería es una Orden Iniciática,
Esotérica, Elitista y Caballeresca, lo que la
confiere características propias que la distinguen de otras
instituciones.
Pretende la evolución ética, moral y espiritual de sus miembros. Proclama al Gran Arquitecto del Universo como
Principio Generador y como Símbolo Superior de su aspiración y construcción ética.
No prohíbe ni impone a sus miembros ninguna convicción o práctica religiosa.
El Grande Oriente Español, en su Constitución del año 1.934, declaraba:
La Francmasonería es un movimiento del espíritu, dentro del cual tienen cabida todas las tendencias y
convicciones favorables al mejoramiento moral y material del género humano.
La
Francmasonería no se hace órgano de ninguna tendencia
política o social determinada. Su misión es la
de estudiar desinteresadamente todos los problemas que conciernen a la
vida de la humanidad para hacer su vida más fraternal.
La
Francmasonería declara reconocer, por base de su trabajo, un
principio superior e ideal, el cual es
generalmente conocido por la denominación de Gran Arquitecto del
Universo. No recomienda ni combate ninguna convicción religiosa,
y añade que ni puede, ni debe, ni quiere poner límites,
con afirmaciones dogmáticas
sobre la Causa Suprema a las posibilidades de libre
investigación de la verdad.
La Gran Logia de España, en el Preámbulo de su Constitución, vigente desde 1.999, dice:
La
Francmasonería tiene su fundamento esencial en la fe en un Poder
Supremo expresado bajo el nombre de Gran
Arquitecto del Universo; sus principios se resumen en estas dos
máximas: conócete y ama a tu prójimo como a ti
mismo.
La Francmasonería es una asociación libre de hombres independientes, los cuales solo dependen de su
conciencia y se dedican a poner en práctica un ideal de paz, amor y fraternidad.
Tiene como objetivo el perfeccionamiento moral de la humanidad y como medio de propagación de una verdadera filantropía, con el empleo de costumbres y formas simbólicas.
Impone
a todos sus miembros el respeto a las opiniones ajenas y les
prohíbe toda discusión política o
religiosa, a fin de constituir un centro permanente de unión
fraternal. Los francmasones se reúnen en Logias con el fin de
trabajar allí ritualmente, con celo y asiduidad, y solo admiten
a hombres mayores de edad,
creyentes, de buenas costumbres, gentes de honor, leales y dignos en
todos los aspectos.
En
las Logias se aprende a amar a la Patria, someterse a sus justas Leyes
y respetar las Autoridades legítimamente
constituidas; a considerar el trabajo como un deber esencial en el ser
humano y en consecuencia, a honrarlo en todas sus formas.
Pero, más allá de conceptos que algunos podrían considerar poco concretos, la Masonería se constituye en una Orden que tiene como fin formar a sus miembros en el conocimiento y respeto de valores superiores basados en la verdad. Verdad que no se impone ni propone, sino a la que cada masón llega por el análisis y el conocimiento. La Masonería se constituye en una Orden que pretende la evolución ética, espiritual y moral de sus miembros y, a través de ellos y de su ejemplo individual y personal, la evolución ética, espiritual y moral de la humanidad.
La iniciación, única puerta de entrada a la Masonería, pretende abrir un proceso de cambios por los que el masón, dejando atrás cuanto le separa de su propio espíritu, adquiere conocimiento de su Ser interno y de su trascendencia; lo que le llevará a la búsqueda de la verdad. Mas la Masonería no impone ningún tipo de dogma o creencia. Propone, mediante símbolos y alegorías, más por la práctica de los Rituales, principios que deben ser analizados por el masón y, de su individual y personal análisis y comprensión, cada masón sacar las propias conclusiones. No quiere la Masonería aleccionar a sus adeptos, sino que cada masón llegue a la meta que para si mismo se fije, él, no otro. Quiere la Masonería que cada masón llegue a su verdad... a su propia e individual comprensión y conocimiento de la verdad. De ahí el sobrenombre de Librepensadores por el que son conocidos los masones.
Es la Masonería, pues, una Orden Iniciática. Por la iniciación y siguiendo el camino que solo ella abre a través de los diferentes grados en los que la Masonería escalona sus propuestas, es como el masón, rompiendo las cadenas que atan al hombre a lo animal, a lo puramente material, llega al conocimiento de su propio Ser interno y de su trascendencia. Es así como la Masonería, haciendo hombres mejores de hombres que ya eran buenos, libres y justos antes de ser iniciados, propicia que mediante el ejemplo de cada masón en su entorno familiar, social, laboral, etcétera, toda la humanidad en pleno evolucione positivamente.
La Masonería es esotérica en los términos precisos que define el Diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia Española.
Es esotérica porque a su conocimiento solo se llega por la iniciación, quedando oculto, reservado, para los no iniciados.
Es esotérica porque su conocimiento es de difícil acceso, no se da, no se imparten clases, el conocimiento que lleva a la verdad se adquiere mediante el estudio y la reflexión.
Es esotérica porque al igual que los filósofos de la antigüedad no comunicaban sus doctrinas sino a un corto número de sus discípulos, la Masonería mantiene velados sus conocimientos y los principios que propone por símbolos y alegorías y, a las claves de los unos y de las otras, solo se llega por la iniciación y la práctica de los rituales mediante los que se desarrolla el trabajo en las Logias.
Es esotérica porque sus principios y conocimientos solo se transmiten oralmente a los iniciados.
Pero, por ser una Orden iniciática y esotérica, la Masonería rechaza y condena el mal llamado ocultismo y todo el fraude a ingenuos, todo el fraudulento montaje económico de las supuestas mancias adivinatorias. La Masonería rechaza y condena a las sectas, iglesias y creencias que privan a sus miembros del libre albedrío, de la libertad de análisis y decisión. Y, si la Masonería no apoya a ninguna religión concreta, menos aun puede apoyar a los llamados cultos satánicos, al satanismo, el cual condena radicalmente.
La
Masonería es una Orden Elitista, por que en sus filas militan
las elites intelectuales del mundo entero, los hombres más
avanzados
espiritual y moralmente, aquellos que creen firmemente que el paso del
hombre sobre la tierra transciende al simple hecho material y temporal;
en suma, de la parte que el hombre tiene de animal, para sublimarse en
lo que
tiene de espiritual. Sin olvidar que
elites son todos aquellos, sea cual fuere su posición social o
económica, que dejando atrás las pequeñas miserias
humanas y los
comprensibles egoísmos individualistas, dedican un poco de su
tiempo a su desarrollo intelectual, espiritual y moral, poniendo su
persona al servicio de la humanidad.
La
Masonería es una Orden Caballeresca, no en los aspectos que se
desprenden de una lectura exotérica y simplista
de las viejas novelas de caballería y mucho menos aun en el
sentido clasista. Lo es tomando el simbolismo profundo,
esotérico, de los ideales de Camelot, Arturo y la Tabla Redonda;
la búsqueda del Santo Grial, cuyo
bellísimo simbolismo esotérico puede ser el norte del
buscador de la Luz. Lo es porque ideal de vida caballeresco es la
entrega desinteresada a las causas nobles, al servicio a la humanidad.
Así,
la Masonería, por su espíritu caballeresco pudo ser
inspiradora de la Revolución Francesa, en cuanto fin
del Viejo Régimen, pues no puede menos que condenar el terror
que desencadenó. Como antes lo fue de la Americana, en la que
los 56 revolucionarios, padres de la patria, mayoritariamente masones;
entre ellos George
Washington, de la Gran Logia de Virginia; Benjamín Franklin, de
la Gran Logia de Pennsylvania; Thomas Jefferson, de la Gran Logia de
Virginia; John Adams, de la Gran Logia de Massachussets; John Quincy
Adams, de la Gran
Logia de Virginia, luego 6º Presidente; William Whipple, de la
Gran Logia de New Hampshire; Benjamín Harrison, de la Gran Logia
de Virginia; John Penn, de la Gran Logia de Carolina del Norte; Abraham
Clark, de la Gran
Logia de Nueva Jersey... etcétera,
proclamaron en 1776 la libertad de las 13 colonias, con una
Declaración de Independencia de la que, por ser Masonería
pura, sería difícil
destacar un párrafo concreto, pero de la que recordaremos, entre
otros muchos párrafos de igual mérito y contenido
masónico:
"Sostenemos
como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales, que
están dotados por un
Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se cuentan
el derecho a la vida, a la libertad y al alcance de la felicidad; que,
para asegurar estos derechos, los hombres instituyen gobiernos,
derivando sus
justos poderes del consentimiento de los gobernados; que cuando una
forma de gobierno llega a ser destructora de estos fines, es un derecho
del pueblo cambiarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno, basado
en esos
principios y organizando su autoridad en la forma que el pueblo estime
como la más conveniente para obtener su seguridad y su
felicidad."
La
Masonería mantiene y perpetúa entre sus miembros el
espíritu caballeresco que informó la obra de los
enciclopedistas y más tarde la de los ilustrados del siglo XIX,
casi todos ellos masones. El de filósofos y pensadores, miembros
de la Masonería, como Montesquieu, Voltaire y Rousseau. El de
artífices de la
emancipación de Hispanoamérica, como, por ejemplo y entre
otros muchos, los masones San Martín, Bolívar y
Martí. El de los también miembros de la Orden, Cavur,
Garibaldi y Mazzini, héroes de la independencia y
unidad italiana. El de músicos masones como el austriaco Mozart
y el español Tomas Bretón. Poetas como Goethe o Moratin.
Escritores como el inglés Kipling, el francés Stendhal y
el español Blasco Ibáñez. Científicos
como los doctores Santiago Ramón y Cajal y Alexander Fleming.
Cirujanos como el Dr. Cristian Barnard, artífice en 1967 del
primer trasplante de corazón a un ser humano. Descubridores e
inventores como los españoles
Isaac Peral y Juan de la Cierva o el francés Luis Lumiere.
Políticos y estadistas como Práxedes Mateo Sagasta,
Salvador Allende, Winston Churchil, Benjamín
Franklin.
Hombres ilustres como Baden Powel, fundador de movimiento escultista o
el antiesclavista Schoelcher. Actores como el británico Peter
Sellers. O los promotores de la Sociedad de Naciones, que
soñaban acabar con las
guerras. El mismo espíritu caballeresco de entrega desinteresada
a las nobles causas que guió a los inspiradores de la
Unión Europea, con Monet a la cabeza. O a los padres del Consejo
de Europa, masones la gran mayoría
de ellos. Finalmente, ya como anécdota, con el mismo
espíritu de Neil Amstrong, masón y primer hombre que
pisó la Luna, sobre cuya superficie depositó una escuadra
y un compás en recuerdo de su gesta.
En definitiva, el espíritu de los cientos de miles, millones de hombres que, desde sus ideales caballerescos y masónicos, mantienen a sus expensas y en silencio, sin subvenciones de ningún Estado, hospitales, asilos, universidades y escuelas.
Si
debiéramos resaltar algo del espíritu de la
Masonería, muy probablemente nos inclinaríamos
por la autentica y profunda fraternidad que une a todos los masones del
mundo entero, muy especialmente, claro está, a los miembros de
una misma Gran Logia y, mucho más aun, a los de una misma Logia.
Pero aun siendo
muy importante no es ese el fin primordial de la Masonería, pues
para ese tipo de fines ya están muchas y prestigiosas
instituciones profanas.
Mucho
más allá de ese principio de fraternidad universal, de
indudable
importancia y valor humanístico, e incluso iniciático,
principio de auténtica fraternidad que llevaría a tener
la filantropía como uno de los medios de los que podría
valerse para alcanzar los propósitos que la
animan, la Masonería tiene fines que mantiene muy presentes,
siendo la síntesis de todos ellos cambiar el mundo. Esa es la
meta final que se propone alcanzar, ese es el fin que constituye el
auténtico Ser y existir de
la propia Masonería. Dicho así, sin circunloquios ni
palabrería vana, que oculten la realidad.
Pero
ese fin no tiene connotaciones que lo liguen a lo profano, a lo
prosaico, a intereses materiales, a bajas pasiones y aspiraciones que,
si pudiesen ser admisibles en el mundo profano, en ninguna forma pueden
llegar a serlo, ni como medio, ni como fin, para la Masonería.
Porque cuando
un masón afirma que la Masonería pretende cambiar el
mundo, se está refiriendo a que la Masonería trabaja para
hacer evolucionar ética, espiritual y moralmente a la humanidad,
a partir de los principios que
constituyen su Ser y de los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad
que defiende.
En
los proclamados fines más en los métodos para
alcanzarlos, es en lo
que la Masonería se diferencia de otras meritísimas
instituciones que también tienen como objetivo el desarrollo de
la humanidad. El peculiar sistema de trabajo personal e individual que
la caracteriza, muy alejado de
la acción institucional sobre la sociedad, la marca e
individualiza.
No
siendo, como no lo son, fines de la Masonería participar en
forma
alguna en política, ni en negocios, ni en ninguna otra actividad
profana, La Orden Masónica centra sus esfuerzos en llevar a los
masones a las condiciones espirituales, éticas y morales que les
permitan trabajar en
pos de alcanzar los fines que sí le son propios a nuestra Orden.
Para ello la Masonería pone a disposición de sus miembros
todos los medios necesarios «de orden iniciático,
esotérico y simbólico» para que
–individualmente y por el trabajo personal que cada uno sea capaz
de realizar en sí mismo, más en la intimidad de las
Logias auxiliándose siempre los unos a los otros– puedan
avanzar a través del sistema reglado
y graduado que caracteriza a la Masonería, teniendo como meta
final cambiar el mundo.
Una
vez logrados estos significativos avances por el camino
iniciático,
será cada masón el que con su ejemplo personal e
individual influirá en los entornos familiar, profesional y
social al que pertenezca; trasmitiendo así a la sociedad profana
–mediante el ejemplo de una vida
ordenada, respetuosa con las leyes y con los derechos de los
demás y entregada a ideales legítimos y nobles– las
enseñanzas recibidas a través de los principios
proclamados por la Masonería.
Mas,
el profundo arcano de la Masonería no se revela efectivamente,
si
no a los que llegan a ser auténticos masones, a aquellos que
siguen con perseverancia el camino iniciático y se entregan a la
Masonería sin ningún tipo de reservas, y sin más
ambiciones humanas que las legítimas de
lograr convertirse en auténticos iniciados; es decir, en obreros
iluminados al servicio de la Inteligencia Constructora del Universo, la
cual debe de manifestarse en el masón como una verdadera Luz que
alumbra, desde
un punto de vista superior, todos sus pensamientos, palabras y
acciones.
En
alguna forma masón –lato sensu– se nace. Porque ser
masón
significa participar de una condición espiritual especial,
inconfundible e intransmisible, que aflora tras la iniciación y
la identificación del iniciado con su propio ser interno y, a
través de él con el Trazado
realizado para la Humanidad por el Gran Arquitecto del Universo.
La Masonería, como Institución ético jurídica, Alta Cátedra Moral desde la que emanan los grandes principios y formulaciones al servicio de la Humanidad, confiere las características visibles de masón a aquellos que ya eran, potencialmente, portadores del Espíritu Iniciático; proporcionándoles los medios necesarios para cultivar su intelecto y su espíritu, mediante el estudio de determinados símbolos y la practica consciente de los Rituales. Unos y otros encierran un profundo significado esotérico, que es la llave que abre las puertas del conocimiento y la clave para que cada masón logre profundizar en lo más profundo de su corazón.
Dicho
esto, únicamente queda proclamar que solamente se es
masón “stricto sensu” si se profesan los principios
iniciáticos, se cultiva el esoterismo y, en lo que corresponda,
el conocimiento exotérico;
si se tiene firmemente asentado el sentido de la responsabilidad
individual, como confirmación del Espíritu Caballeresco
con el que el masón debe de desempeñar su misión
en el mundo profano.
La
Masonería Regular profesa inderogablemente el espiritualismo y
rechaza el materialismo y el racionalismo ateo; por ello, la Luz de la
Razón que informa el Ideal Masónico, se legitima al
emanar del Conocimiento Iniciático. Así, repetimos, la
Masonería es una Orden iniciática,
esotérica y caballeresca y, por lo tanto, elitista.
Es
por ello que a la hora de admitir nuevos miembros, la Masonería
está
muy atenta a que no se infiltren aquellos que, por su poca
formación espiritual, moral, cultural o humanista, puedan
significar un freno en el desarrollo individual o colectivo.
También está obligada a tener en
cuenta la situación social y económica de los posibles
candidatos; los cuales, además de, y esto es condición
sine qua non, disponer de medios para mantener dignamente a su familia,
han de disponer también de unos pequeños medios
materiales para
contribuir al sostenimiento y crecimiento de la Orden y, aun les ha de
sobrar alguna cantidad para obras filantrópicas, de acuerdo con
los viejos principios. Sin que lo dicho signifique, en absoluto, que en
los
criterios de selección intervengan conceptos mercantilistas, tan
alejados del pensamiento y actitud masónicas.
Pero
no podemos dejar de tener presente a la hora de admitir nuevos
miembros, que la primera obligación del Hombre es para sí
y para con su familia, y que solo una vez que ha cubierto dignamente
sus propias necesidades y las de los suyos, podría,
legítimamente, pensar en entregarse a
otras causas.
Por
lo demás, las contribuciones que en forma de cuotas
periódicas cada
masón satisface a través de su Logia, por su importe no
van más allá de una pequeña cantidad mensual
fácilmente asumible por cualquier persona que disponga de un
puesto de trabajo, en el que perciba un salario de
tipo medio y, en todo caso, de cuantía nunca superior a la que
se gasta habitualmente en tomar unas cervezas con los amigos.
En
todo caso, no debemos olvidar que garantizados los mínimos
admisibles, y sentado que es obligación de todos los masones
atender al sostenimiento de la Orden, a la Masonería no le
interesa el dinero ni la posición que puedan tener sus miembros
o aspirantes a serlo. Solo le
interesan las cualidades humanas y la voluntad de crecer espiritual,
ética y moralmente a través del camino iniciático.
Si tras lo dicho cualquier posible lector de estas líneas desea saber algo más sobre la Masonería, no dude en escribirnos, con mucho gusto le atenderemos.
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